Alán sonrió. Y de verdad que se esforzó por proyectar la misma sonrisa juguetona y la actitud despreocupada de siempre.
—Lo sé —le dijo.
—Alán, no me odies —de repente le pidió Lena—. Sé que tú no quieres esto… lo de ser donante y…
—Tarde o temprano iba a aceptar —era la cosa más real que había salido de sus labios en esa situación.
Aunque odiara admitirlo, Alfonso tenía razón. Era cuestión de tiempo para que él cediera a la petición de ser donante. Porque así funcionaban las cosas cuando se tr