Capítulo 48

Alán sonrió. Y de verdad que se esforzó por proyectar la misma sonrisa juguetona y la actitud despreocupada de siempre.

—Lo sé —le dijo.

—Alán, no me odies —de repente le pidió Lena—. Sé que tú no quieres esto… lo de ser donante y…

—Tarde o temprano iba a aceptar —era la cosa más real que había salido de sus labios en esa situación.

Aunque odiara admitirlo, Alfonso tenía razón. Era cuestión de tiempo para que él cediera a la petición de ser donante. Porque así funcionaban las cosas cuando se tr
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