Lena tenía el labio inferior reventado y las muñecas al rojo vivo por la fricción.
El hombre que la secuestró en el estacionamiento la arrastró por la fuerza hasta el interior de la propiedad, sin el menor rastro de contemplación; la despojó de inmediato de su seguridad y la sumergió en una pesadilla real.
El tipo condujo por casi una hora hasta llegar a ese lugar desolado.
Ella no se lo puso fácil; la adrenalina y un instinto de supervivencia salvaje sustituyeron al pánico momentáneo. Lo p