—Esto… debe ser un error —dijo ella con el ceño fruncido, mientras sentía que el mundo giraba a una velocidad vertiginosa—. Y en una clínica tan prestigiosa y seria como esta no deberían permitirse esos errores de diagnóstico.
La doctora Campo se aclaró la garganta de inmediato al percibir la expresión defensiva y visiblemente molesta en el rostro de la paciente.
Acomodó los anteojos sobre el puente de su nariz con calma profesional.
—Señora Falcón, las pruebas de embarazo en sangre tienen