—Bueno —Lena soltó todo el aire que tenía retenido en los pulmones, forzó una calma que no sentía—. Entonces, dime. Quiero escuchar tu versión, toda tu explicación de los hechos.
Alán avanzó con paso dubitativo y se sentó en una de las sillas de madera del comedor de la suite, justo en la que quedaba enfrente de su esposa.
No pasó desapercibido para su mirada lo hinchado de los párpados de su esposa. Producto del llanto reciente, ni lo sumidas que tenía las mejillas por culpa de los días de ay