Otra vez sintió un escalofrío.
Cerró los ojos. Al segundo siguiente, sintió la mano cálida y grande de Alán en su brazo. Parpadeó y enfocó la vista en él.
La forma en que sus cejas se fruncían cada vez que se preocupaba. Suspiró.
—Alán, yo… —balbuceó antes de ordenar sus ideas—. Gracias por todo. Y de verdad me disculpo por lo que te dije aquel día.
De repente, se concentró en la mesa de vidrio: las pruebas de embarazo, la copa.
Alán se pasó la mano por el cabello.
—Eso ya no importa