Alexander.
Cuando terminamos de cenar, Bianca y yo decidimos dirigirnos a la suite. Ambos estábamos de acuerdo en pasar la noche, algo que, en el pasado, habría evitado a toda costa con otras mujeres. Nunca fui de esos hombres que disfrutaban compartir mucho tiempo con una mujer. Pero Valentina Lombardi... ella era diferente. Había algo en ella que me desarmaba por completo, algo que no podía identificar pero que me hacía desearla en cada fibra de mi ser. La quería cerca, bajo mi piel, todo el