Había sido una jornada brutal en el hospital. Un accidente múltiple en la interestatal nos mantuvo a todos atrapados en el quirófano durante diez horas seguidas, un turno eterno de sangre, tensión y decisiones de vida o muerte. Pero para Zoe, que a sus 21 semanas de embarazo seguía empeñada en operar como si no cargara un mundo en su vientre, el esfuerzo había sido doble. La vi salir del último procedimiento con el rostro pálido, los labios apretados en una línea fina y las manos, esas manos ta