Estaba terminando mi última ronda de supervisión en el pasillo central, rodeado por mi incondicional "comitiva de honor": Mark, Santi y Marcos. Estábamos discutiendo con seriedad técnica los detalles de la cirugía de reemplazo valvular programada para el día siguiente, cuando el aire en el pasillo se volvió repentinamente pesado y el aroma a perfume caro, cargado de resentimiento, nos golpeó de frente.
Leticia apareció como un huracán de seda malva y odio contenido, con la cara todavía notablem