Clara, mi vida... —Lucas intentó estirar la mano hacia ella, pero Zoe se interpuso de golpe colocando la bandeja de instrumentos metálicos entre ambos, provocando un ruido seco y metálico—. Fue solo una vez en la vida.
Zoe soltó una carcajada amarga. No era una risa de diversión. Era esa tétrica expresión que ella utilizaba ahora con frecuencia cuando intentaba ocultar con uñas y dientes que el corazón se le estaba haciendo pedazos por dentro.
—Escúchalo con atención, Clara —dijo Zoe, volviendo