Al amanecer, Susana se alistó para su día de trabajo. Luego de buscar el correo, encontró la casa en silencio, salvo por el agua de la cafetera que burbujeaba suavemente. En el sofá aún estaban desordenadas las mantas y uno que otro cojín en el suelo.
Susana molesta. Sabía que había amor allí. Y que, por más problemas que se avecinaran, mientras se tuvieran el uno al otro, podrían resistir cualquier tormenta.
Ya Peter se había ido a trabajar. La tranquilidad de la mañana flotaba en el ambiente