Peter estaba sentado en el borde del sofá, con el teléfono en la mano, mirándolo como si pesara una tonelada.
Ethan, de pie junto a él, cruzado de brazos, lo observaba con el ceño fruncido.
—¿De verdad vas a llamarlo? —preguntó Ethan, con un tono más de incredulidad que de reproche—Yo te causé problemas con tus padres. Yo debería llamarlo.
—No tengo opción. Esto debo resolverlo yo. Tu tuviste tus razones aunque pudiste controlar tu actitud. Yo debo manejar mejor la situación, se supone que soy