Cordelia
Cerré los ojos.
Y el mundo que me rodeaba dejó de existir.
No había sonido ni luz. Solo el eco lejano del alma de Fernanda.
Dañada, pero no extinguida.
Llamándome.
Cuando los abrí, estaba en la arena.
Pero no frente al lago Caronte... ahora estaba en la arena del Averno.
"Pero... ¿qué carajos?"
No pude evitar estremecerme por los recuerdos. Todo era tan... real en mi mente. La sangre, las peleas, todo volvió como un balde de agua helada sobre mis hombros.
Esta vez el lugar no brillaba