Zeiren
—¡TÚ ME LO ARREBATASTE! —rugió Seraphiel, la voz y el rostro desfigurado por la ira.
Saltó hacia Azrael como una estrella en caída libre. Sus alas desplegadas se veían como cuchillas filosas y amenazantes.
No hubo un segundo de advertencia. Solo el peso del odio acumulado durante siglos, desbordado por el fracaso de sus sueños.
Pero Azrael… ni siquiera se movió.
Levantó la mano con calma, sonriendo de lado.
—Basta.
Una sola palabra... una orden disfrazada de autoridad caritativa.
Y el