Zeiren
No sabía cuánto tiempo llevaba luchando.
Solo sabía que ella estaba ahí.
A veces en un destello entre los cuerpos que caían.
A veces en un reflejo sobre el filo de una espada.
A veces, más cruelmente, susurrándome entre el ruido y el caos:
—Más fuerte, Z. No los dejes ganar.
Y yo obedecía.
Aunque el cuerpo me pesara como si ya no tuviera vida. Aunque la sangre emanara de mi costado donde una lanza me había rozado y seguido de largo.
Mi respiración era fuego. Mis huesos, ruinas a punto d