Cordelia
—Tenemos que salir de aquí, Cor —la voz de Fernanda sonó urgente, casi desesperada.
Ya no estaba dentro de la botella. Sé que le abrí la prisión dónde estaba, pero no comprendí en que momento se paró frente a mí. Ahora estaba más sólida que antes. Más real.
Pero yo no podía moverme.
Me quedé de rodillas, con las manos apoyadas en el suelo de madera, el pecho subiendo y bajando con una fuerza frenética. Todo mi interior era un mar revuelto de dolor y confusión.
—Zeiren está aquí… —susu