Cordelia
El plano que nos rodeaba era extraño… ni oscuro, ni claro. El mundo estaba hecho de humo y luz apagada, con trazos apenas reconocibles de lo que habíamos sido.
Zeiren y yo caminábamos sin rumbo entre figuras distorsionadas. Ecos de lugares que no eran reales, pero tampoco del todo una ilusión.
—¿Crees que ya sea hora de volver? —pregunté, mi voz apenas un susurro.
Él apretó mi mano, con una fuerza que parecía capaz de mantenerme anclada incluso cuando el mismísimo universo se rompía.