Fernanda
Estar atrapada en una botella era aún peor que la muerte.
Y eso que estar muerta ya era una reverenda mierda.
Esto era sin dudas era el siguiente nivel de humillación cósmica.
Ni siquiera un mínimo de privacidad. Solo un huevito de cristal oscuro, frío y asfixiante… y lo peor de todo: completamente lúcida.
Podía ver.
Podía escuchar.
"Gracias, universo, por las migajas."
La silueta de Viktor se movía como una sombra espesa entre los pliegues del plano astral. Me arrastraba con él, yo