Cordelia
El sonido de la puerta abriéndose de nuevo me hizo girar la cabeza de inmediato.
El vampiro que había matado a Fernanda entró caminando con arrogancia. La sonrisa de un depredador dibujada en sus labios.
—Vaya, vaya… —murmuró, entrando a mi celda—. Nuestra pequeña humana sigue aquí. Me preguntaba cuánto más aguantarías antes de ponerte a llorar como una chiquilla.
Algo entró en mí.
Un hormigueo empezó en mi pecho, extendiéndose rápidamente a cada rincón de mi ser.
No era doloroso. Era