Cordelia
Zeiren me abrazaba por detrás, su respiración era lenta y profunda, indicándome que seguía dormido.
Su brazo descansaba sobre mi cintura, cálido y protector, pero mi mente no me dejaba descansar. Seguía reviviendo todo lo que nos había traído hasta este punto: el fuego, la persecución, el ataque de los lobos… su historia...
¡Dios! Como me dolía todo lo que me había contado. Su infancia fue una mierda, todo lo que pasó...
Suspiré, tratando de no moverme demasiado para no despertarlo.