Cordelia
Lo sentía en cada fibra de mi ser.
Zeiren estaba sobre mí, dentro de mí, y la intensidad del momento me tenía atrapada entre el placer y el dolor.
Desde el momento en que me miró con esos ojos llenos de duda, supe que era real. Que no estaba luchando contra su deseo, si no contra algo mucho más profundo.
Contra la idea de que no merecía esto.
Que no me merecía a mí.
Y eso era lo que más me dolía.
Lo había sentido desde el principio, esa reticencia en sus movimientos, la tensión en