Zeiren
Cordelia estaba sobre mí, usando mi pecho como almohada, y yo no podía apartar los ojos de ella.
Su cabello estaba desordenado, y el brillo de satisfacción en sus ojos me tenía completamente hipnotizado.
No había nada más en el mundo en ese momento, solo ella y la calidez que aún recorría mi cuerpo después de lo que acabábamos de compartir.
Y lo hicimos en grande... De todas las poses que me enseñó, ya tenía mis favoritas; en cuatro y ella montándome. Aunque sabía que nos faltaban más