— GABRIEL MÁRQUEZ
“Nada que me pertenece se me escapa de las manos… al menos, no sin luchar”.
Llegué a mi oficina con el ceño fruncido, como siempre. El chofer apenas abrió la puerta del auto y yo ya tenía el teléfono en mano, revisando correos, moviendo contactos, ajustando reuniones. El mundo no se detiene, mucho menos para los débiles.
Y yo no soy débil.
Empujé la puerta de mi oficina y solté un suspiro profundo. Cerré con fuerza, como si necesitara marcar territorio. Me quité el saco, lo la