– Julián
Me despedí de mis padres temprano, luego de haber desayunado y despejado un poco mi mente. La noche anterior había sido un infierno, pero hoy el sol había salido y, con él, una mínima esperanza de seguir adelante.
—Tengo que irme a trabajar —les dije mientras me ponía la chaqueta.
Mi madre me miró con ternura, dejando el delantal a un lado. Se acercó y me dio un abrazo.
—Está bien, hijo. Que Dios te bendiga y te guarde donde vayas —susurró con esa voz suave que siempre me hacía sentir