La luz de la mañana entraba por los ventanales de la habitación como un río de luz dorada. Lenna despertó lentamente, con una sensación de paz que no sentía desde hacía mucho tiempo. El peso de la sábana sobre su cuerpo, el calor del sol en su rostro, el aroma a café recién hecho que llegaba desde la cocina. Todo estaba en su lugar. Todo estaba bien.
Parpadeó un par de veces, frotándose los ojos. La cama estaba vacía a su lado. Juan Diego ya no estaba. Pero en su lugar, sobre la mesita de noche