Se quedaron en silencio un momento, mirando a Diego que gateaba de nuevo, explorando cada rincón de la sala con una curiosidad insaciable. El bebé se detenía frente a cada juguete, lo observaba, lo tocaba, lo dejaba. A veces lo tiraba para ver cómo caía. El ruido lo hacía reír.
—¿Sabés qué? —dijo Juan Diego, después de un rato.
—¿Qué?
—Quiero que sepas que te voy a amar toda la vida.
—¿Toda la vida? —preguntó Lenna, con una sonrisa.
—Toda la vida. Y más. Y cuando me muera, voy a seguir amándote