CAPÍTULO 121: La verdad de una mujer

Se quedaron en silencio un momento, mirando a Diego que gateaba de nuevo, explorando cada rincón de la sala con una curiosidad insaciable. El bebé se detenía frente a cada juguete, lo observaba, lo tocaba, lo dejaba. A veces lo tiraba para ver cómo caía. El ruido lo hacía reír.

—¿Sabés qué? —dijo Juan Diego, después de un rato.

—¿Qué?

—Quiero que sepas que te voy a amar toda la vida.

—¿Toda la vida? —preguntó Lenna, con una sonrisa.

—Toda la vida. Y más. Y cuando me muera, voy a seguir amándote
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