La tarde caía sobre el jardín de la casa de los padres de Lenna como un manto de luz dorada. El sol pintaba las flores de tonos naranjas y violetas, y el viento movía las ramas de los árboles con un susurro que parecía cantar una canción de paz. Lenna estaba sentada en la banca de madera junto al rosal, con una taza de café entre las manos. Diego dormía plácidamente en su moisés, que habían sacado al jardín para que disfrutara del aire fresco. Juan Diego estaba a su lado, con el brazo apoyado e