La oficina de Lenna en el último piso de Mendoza Holdings estaba bañada por la luz de la mañana. El mar brillaba allá abajo, los barcos navegaban lentos, y la ciudad despertaba con el rumor de un nuevo día. Ella estaba sentada frente a su escritorio de mármol blanco, con los papeles de la inversión en Construcciones Fuentes recién cerrada, el collar azul en su cuello, y las manos sobre el vientre que comenzaba a notarse bajo el traje sastre que había elegido con cuidado.
No había dormido bien.