El aire en los niveles de investigación de la Vesta-7 no era simplemente limpio; era aséptico, despojado de cualquier rastro de humanidad. El zumbido de los motores de estabilización era aquí un ronroneo vibrante que subía por las suelas de mis botas, recordándome que estábamos suspendidos a miles de metros sobre el mundo que yo había intentado salvar.
Vesper se movía con una fluidez felina, sorteando los sensores de movimiento con una familiaridad que solo da el odio cultivado durante años. Yo