La onda expansiva de la detonación del limitador no fue un estallido de fuego, sino una distorsión de la realidad misma. El aire en la rotonda de mando de la Cosechadora se volvió denso, saturado de una estática que hacía que la piel de mis brazos se erizara y el sabor a metal inundara mi boca. El Archivista Valerius se deshizo en una cascada de píxeles negros y dorados, un grito digital que se extinguió cuando la conciencia de Nico, amplificada por el núcleo de la nave, barrió su existencia co