El mundo había dejado de ser un lugar de materia para convertirse en uno de frecuencias. Mientras caminábamos hacia los restos de la Osiris, el paisaje a nuestro alrededor palpitaba. No era una alucinación por el cansancio; era la realidad física ajustándose a la presencia de Nico en la red. Las hojas de los árboles de cristal vibraban con un zumbido de baja frecuencia cada vez que pasábamos, y el suelo, antes ceniza muerta, ahora mostraba patrones de circuitos luminiscentes que se encendían b