El tiempo en la Tierra Renacida no se medía por meses, sino por la expansión del azul. Habían pasado cinco años desde que la Cosechadora se estabilizó en la órbita alta como un ojo vigilante. Cinco años desde que el último Segador de las Colonias fue desmantelado para convertirse en arados y sensores de riego. El mundo que Frank una vez conoció, aquel páramo de ceniza y asfixia, era ahora un recuerdo borroso sepultado bajo kilómetros de selva biotecnológica.
Frank se encontraba en el porche de