ANASTASIA
Estoy enredada entre unas sábanas que no son mías, con un cuerpo cálido detrás del mío, una pierna masculina por encima de las mías, y un brazo pesado tatuado en mi cintura. Cada centímetro de mi piel arde con el recuerdo de lo que pasó anoche. Y por si me quedaba alguna duda, no llevo nada puesto.
Leo respira lento contra mi nuca, tan cerca que noto cómo el aire de sus pulmones me acaricia la piel. Y me siento viva. Las dos veces que nos hemos acostado me han hecho sentirme viva, he