LEO
Mis navidades llevan demasiados años siendo tranquilas. Nunca he sido de grandes regalos, ni de decorar el apartamento, y menos de escuchar villancicos. Para mí, la Navidad perdió la magia cuando cuando mi padre murió y a mi madre y a mi nos empezó a dar más igual el siquiera molestarnos a poner un árbol torcido en el salón. Era como si las luces, los adornos y toda esa mierda festiva fueran un recordatorio de lo que faltaba, así que simplemente dejábamos pasar las fechas con una cena senci