ANASTASIA
Nunca pensé que el sonido de una furgoneta vieja y un grupo de amigos quejándose mientras cargan muebles pudiera hacerme tan feliz. Pero aquí estoy, con las llaves en la mano, de pie frente a la puerta blanca de la casa que a partir de hoy va a ser nuestra casa.
No un piso pequeño.
No un alquiler temporal.
Una casa con jardín, espacio para que Oliver corra, para que Koda se revuelque en la hierba, y para que Leo y yo construyamos algo mucho más grande.
—¡Anastasia! —Lou se asoma con e