ANASTASIA
Lou irrumpe en la cafetería a primera hora, con ese brillo en los ojos que solo puede significar que ha tenido un fin de semana épico. Lleva el pelo recogido en un moño deshecho, como si no hubiera dormido en dos días, y una sonrisa que parece permanente. Sé que yo quería sentarme con ella, ponerme toda cursi hablando de Leo, de las flores, de cómo me hace sentir como si estuviera viviendo en una burbuja de felicidad, pero no lo hago.
—Marko es una bestia. ¿Sabes esas pelis donde el t