ANASTASIA
La cocina huele a ajo, queso fundido y esa salsa de tomate que he perfeccionado con los años. Leo está a mi lado, cortando cebolla con una precisión que no me esperaba de alguien que parece más cómodo manejando una máquina de tatuar que un cuchillo de cocina. Cada vez que lo miro, con el pelo revuelto cayéndole sobre la frente y esos tatuajes asomando por el borde de su camiseta, siento un cosquilleo que no sé si es por lo agotada que estoy o porque este hombre me gusta demasiado.
Su