ANASTASIA
Trevor no deja de llamarme cada dos por tres. Pregunta por Oliver, pero después insiste en darme lecciones morales y bla bla bla... Me cuesta no mandarlo a la mierda. Cada vez que veo su nombre en la pantalla, siento una punzada de rabia mezclada con cansancio.
—Adiós, chicas —me despido, saliendo del trabajo.
Mi teléfono vibra otra vez, y cuando miro la pantalla, no es Trevor, para variar. Es mi padre. Resoplo, dejando que salte el buzón de voz. No sé qué les hace pensar que voy a re