ANASTASIA
Estoy limpiando la máquina de café, con el delantal manchado de espuma y el moño a punto de deshacerse, cuando Lou entra como un torbellino, con esa energía suya que parece capaz de despertar a un muerto. Lleva días con la misma misión: ver al “vecino tatuado buenorro” del que no para de hablar desde que le conté lo del fin de semana, y desde que Clara y Marta le cotillearon que había estado aquí.
—¿Va a venir o qué? —pregunta Lou, apoyándose en el mostrador con una sonrisa que es mit