La puerta del ascensor se había cerrado hacía apenas unos minutos cuando el silencio volvió a adueñarse del piso treinta y cuatro. Un silencio distinto, más denso, cargado de lo que no se había dicho durante la reunión.
Daniela permanecía de pie junto a la mesa, acomodando papeles que no necesitaban orden. Era solo una excusa para mantener las manos ocupadas. Thomas la observaba desde el otro lado de la oficina, apoyado en el borde de su escritorio, con la chaqueta abierta y la mirada fija en e