El silencio volvió a caer sobre la mesa, pero ya no era el mismo. Había algo suspendido en el aire, algo que no se nombraba y que, aun así, pesaba sobre todos.
Thomas retomó la carpeta que tenía frente a él, intentando devolver la reunión a su cauce.
—Como decía —continuó—, la idea es que después del recorrido podamos definir fechas concretas para la integración de equipos y—
—¿Siempre trabaja tan cerca de usted? —interrumpió Dalia de nuevo, sin poder evitarlo.
César giró la cabeza hacia ella con un gesto de advertencia casi imperceptible. Thomas alzó la vista, sorprendido otra vez, pero no molesto.
—Sí —respondió con naturalidad—. Daniela es mi asistente directa. Maneja agendas, coordinación, contratos preliminares. Confío mucho en su criterio.
Dalia asintió despacio, como si cada palabra confirmara algo que ya sabía.
—Debe confiarle mucho —dijo—. No cualquiera llega a ese puesto.
—No cualquiera se lo gana —corrigió Thomas.
César carraspeó suavemente, intentando aliv