Daniela llegó alrededor de las siete de la mañana. El edificio ya comenzaba a despertar, pero aún conservaba ese silencio controlado de las primeras horas. Caminó hasta su escritorio y, antes de dejar el bolso, miró a través del cristal que lo separaba de la oficina de Thomas.
Él estaba adentro, de pie, charlando con un hombre que Daniela no conocía. Ambos parecían concentrados, con gestos serios, profesionales. Daniela dejó su bolso sobre la mesa, acomodó distraídamente una carpeta y dio dos t