Thomas llegó al Grupo Kan temprano, demasiado temprano incluso para sus propios estándares. Ni siquiera había llegado a esa hora el día en que Daniela tenía las pruebas fotográficas para convertirse en el rostro de la imprenta. El edificio aún parecía dormido.
Los pasillos estaban a oscuras, apenas iluminados por luces de emergencia, y la recepción guardaba ese silencio profundo que solo existía antes de que el personal comenzara a llegar. No había saludos, no había pasos, no había ruido alguno