La semana había terminado cargada de una intensidad difícil de nombrar. No hubo más reproches, ni explicaciones, ni intentos de ponerle palabras a lo que había ocurrido entre ellos. Japón quedó atrás envuelto en reuniones, recorridos interminables por la imprenta y silencios prolongados que decían más que cualquier conversación. Cuando Thomas decidió que era tiempo de regresar a Londres, lo hizo con la misma firmeza con la que tomaba cada decisión importante, aunque por dentro supiera que nada