El viaje había sido largo y agotador.
Cuando finalmente cruzaron las puertas automáticas del hotel, Daniela sintió el peso del cansancio caerle encima de golpe. El aire del vestíbulo era fresco, perfumado, elegante, y contrastaba con las horas interminables de vuelo que aún parecían adheridas a su cuerpo. Caminó unos pasos detrás de Thomas, arrastrando suavemente la maleta, observando el lugar sin demasiado entusiasmo, con la mente todavía aturdida por el cambio de horario.
Thomas se acercó al