Alejandro se recostó aún más en el sofá de cuero beige de la oficina de su prometida, levantando el vaso de whisky a la altura de la luz que entraba por las amplias ventanas. El hielo tintineó apenas, un sonido suave que contrastaba con los pasos acelerados de Laura recorriendo la sala como una fiera enjaulada.
El ceño fruncido, el cabello perfectamente peinado rebotando con cada giro, el taconeo marcando un ritmo furioso sobre el piso de mármol.
—No puedo creer que mi hermano esté haciendo est