Apenas la puerta se cerró tras Laura, el silencio en la oficina se volvió denso, casi corporal. Daniela seguía sentada en la silla alta de maquillaje, pero ahora sentía que su espalda estaba rígida, como si cada músculo temiera moverse. Las maquilladoras, que se habían quedado congeladas contra la pared esperando indicaciones, no sabían si retomar su trabajo o salir corriendo.
Thomas respiró despacio, cerrando un momento los ojos como si estuviera conteniendo algo: un impulso, una réplica más d