Tiré de él para acercarlo todavía más, hasta que nuestras frentes se tocaron. Quería que viera en mi mirada la muerte que lo esperaba.
—¡Yo no la drogué! —gritó Ciro. Miró a Gianna por encima de mi hombro, con los ojos muy abiertos por un pánico genuino—. ¡Se lo juro por Dios, jefe! Solo la traje a la fiesta. Pensé que le gustaría la música y todo lo demás. Mi intención no era...
No le di oportunidad de pronunciar una palabra más antes de lanzarlo por los aires. Ciro atravesó la habitación y s