Pateé un pedazo de cristal roto hacia él y el fragmento se deslizó por el suelo.
—¡Lo sé! ¡Lo sé! —tartamudeó, desviando la mirada hacia la puerta como si buscara una salida que no existía—. Sé que metí la pata. Pero considero a su familia como si fuera la mía. Usted lo sabe. Me conoce. Yo jamás la drogaría. Jamás le pondría una mano encima. Cometí un error, Raph, pero nunca tuve la intención de que la situación se saliera de control de esta manera.
Lo miré desde arriba. Observé su labio parti