—¡Encontramos a una! —celebró.
Volvió a mirarme con una sonrisa traviesa.
—¡Es su primera vez! ¡Nuestro pequeño sacrificio virginal!
Se burlaban de mí, me picaban los costados y se reían.
—¿Deberíamos entregársela a los lobos? —preguntó una chica con la voz enturbiada por el alcohol.
¿Lobos?
—No —respondió la del cabello verde mientras se acercaba a mí hasta que pude distinguir el brillo sobre sus párpados—. Primero tenemos que quedárnosla nosotras. ¡La noche apenas comienza!
Me sentía at