—¡Alto! —exclamé mientras intentaba plantar firmemente los pies en el suelo resbaladizo—. No quiero hacer esto. Estoy esperando a alguien.
La chica del cabello verde se volvió hacia mí. No me soltó la muñeca. Solo inclinó la cabeza y me dedicó una sonrisa amplia y descompuesta. Sus ojos parecían contemplar cosas que no existían.
—¿Esperando? —rio—. En esta casa, nadie espera nada. Solo tomas lo que deseas.
—Hablo en serio —insistí—. No quiero formar parte de esto. Sea lo que sea eso del «sacr